lunes, 21 de septiembre de 2009

Del Defensor, Belén y Andreíta


Saludos.
Soy Iñigo Berrocal y mi misión en este blog será informarles de las cuestiones relacionadas con temas de actualidad social como dijimos en el primer blog, desde un punto de vista crítico. Pues bien, comencemos...

Han pasado ya unas semanas desde que se conociera que siete personas habían denunciado al Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid a Belén Esteban, una de las reinas del corazón por antonomasia en el panorama de la prensa rosa, a raíz de las continuas alusiones que hacía (y sigue haciendo) a su hija Andrea, en el espacio de las tardes de Telecinco, Sálvame.

El Defensor del Menor ha exhortado a Belén Esteban a que deje de hablar de su hija y ésta, a su vez, sostiene que está en su pleno derecho de hablar de su hija por el hecho de serlo y que el que debe dejar de hablar de su hija es él.

Esto va más allá del debate “Prensa rosa sí – Prensa rosa no” que se da continuamente en bares, cafeterías y sobremesas, y en el que todo el mundo ataca fervientemente al mundo del corazón, tachándola de bajeza moral e intelectual, aunque luego las cuotas de audiencia de los programas del corazón digan otra cosa. Será que los que ven estos programas no hablan. Pero ese no es el tema en cuestión.

Para responder a la cuestión que esto plantea (si Belén Esteban está en su derecho de hablar de su hija en público o no) hay que extrapolar este caso a otros hasta que la pregunta que se plantee sea si los personajes cuya fama venga derivada de dar a conocer su vida tienen libertad para introducir en este mundo a personas que no lo han pedido o que, incluso, no pueden defenderse de ello. Aunque como madre tiene todo el derecho a sentirse orgullosa de su hija; desde un punto de vista ético parece claro que hay que respetar el derecho de la intimidad de toda persona por encima de recibir cuantiosas sumas de dinero a cambio de desvelar sus secretos o simplemente, como es el caso, reprochar a su antiguo marido que no cuida bien de Andrea.

Tal vez “la Esteban” (como es popularmente llamada) piense que es dueña y señora de su hija en todos los aspectos, así que no estaría de más que el fiscal, quien ahora tiene que decidir quién tiene razón y quién no, le recordara que por encima de su trabajo, de sus exclusivas y del dinero, están los derechos de su hija.

Aunque en un país en el que se realizan encuestas para ver a quién prefiere la gente entre “la Esteban” o “la Campanario” no hay que dar nada por seguro.

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